Los gemidos son peligrosos

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En gemidos.com puedes encontrar de muchos relatos eróticos gay, infinidad de ellos, de hecho en gemidos.com encuentras mucho más que solo relatos eróticos gay, pero eso no es lo que nos interesa el día de hoy, en esta oportunidad yo les contare uno de mis propios relatos eróticos gay, el primer encuentro sexual que tuve con una mujer en mi vida. Decidí publicarlo aquí en gemidos.com porque es de mis plataformas favoritas y sé que ustedes o van a disfrutar.

¿LESBIANA O HETERO-CURIOSA?

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A esta mujer la conocí por medio de una red social, aunque ya la había visto muchas veces antes no me había atrevido a hablarle, ella es una rubia oxigenada con mucho sex-appeal, yo no soy lesbiana la verdad y en el pasado me había besado con algunas amigas pero nunca había sentido atracción sexual hacia una mujer hasta que conocí a esta belleza particular. Bueno, nos conocimos porque me agarré con fuerza los ovarios y me decidí a hablarle, resulta que hacerlo fue entrar a un espiral eterno.

Mi morbo por ella fue aumentando a medida que la fui conociendo, un día ella iba a una rumba en un local de la ciudad y yo ese día estaba celebrando el cumpleaños de mi hermana mayor, así que la convencí de que fuéramos al sitio, donde sabia iba a encontrarme con ella. Llegamos y después de armarme de valor con par de tragos me acerque a ella mientras bailaba y le di un beso, para mi sorpresa ella me tomo por la cintura fuertemente y acerco sus caderas a las mías, sentir sus brazos rodeándome causaron en mi cuerpo una sensación tan indescriptible, fue como si de repente choques eléctricos fuesen suministrados a mi cuerpo.

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Esa noche no pude separarme de ella, sus besos eran tan ricos, sus caricias tan suaves y precisas, la forma en que se movía por entre la multitud en la pista de baile, todo acerca de ella gritaba ¡ten sexo conmigo! Saliendo de la disco le dije a mi hermana que se fuera a casa, ¡yo tenía que hacer que algo pasara con esa mujer! Le invité a desayunar y ella me dijo, ¿por qué no vamos a mi habitación y allí pedimos que nos lleven algo? Con eso me tuvo a su disposición.

Llegamos a la habitación y al parecer el hambre desapareció de mi mente, me tiré sobre ella, su cuerpo era suave y estaba lleno de tatuajes, en mi inexperiencia no sabía qué hacer, así que comencé a besarla por todo el cuerpo, hasta que me vi en la base de sus caderas, comencé a practicarle un oral ella se retorcía de un lado a otro desesperada. Me tomo por el cabello y me subió hasta su altura, comenzamos a besarnos y yo tuve que confesarle la verdad sobre mi virginidad con las mujeres, en ese momento ella sonrió y me dijo ¡no te preocupes, siempre hay una primera vez!

Yo no tenía idea de que una mujer podía darle tanto placer a otra, hizo conmigo cosas que antes no había hecho ni con un hombre, su forma de introducirse en mi sexo era tan única que yo no sabía cómo reaccionar, me puso en cuatro, así me dijo ¡como perra! Y así me sentí, así es como me encanta que me traten, supo leerme de una manera que nadie lo había hecho antes, las palabras sobraban en nuestro encuentro, éramos dos mujeres rodeadas de mis gemidos.

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Al final de la jornada sentí la necesidad de fumarme un cigarro y entre exhaladas logre expresarle ¡te juro que me has dado los mejores orgasmos de mi vida! Mis piernas temblaban y ella solo se mantenía allí, sonriente tan divina como la primera vez que la vi.

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