Petisas culonas una raza a extinguirse

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En estos días conocí una putita que me hizo cambiar mi modo de ver a las mujeres, una rubia culona que desato en mi los más profundos deseos, soy un hombre que por lo general se inclina hacia las morenas, nada como una buena sabrosura caribeña, soy de los que dicen ¡las blanquitas no tienen el tumbao de una buena morena! Pero esta rubia era de esas petisas culonas que te voltean el universo.

LAS RUBIAS SON ÚNICAS E INCOMPARABLES

Petisas culonas

Paso un día luego que salí de clases en el instituto, fui a una reunión con los colegas en una casa que casualmente era de esa rubia culona, llegamos y en principio estaba enfocado en una morena que se movía de un lado a otro contoneándose como diva al ritmo de las miradas que atraía. Estuve prendido de ella hasta que le dije ¡vamos a bailar! la morena me movía el culo y llegaba hasta el piso con mucho afán. Pero la verdad no tiene sabor, me hizo sentir repulsión hacia ella, mientras “bailábamos” note a la rubia culona que se paseaba a nuestra alrededor riendo de mi cara de asombro y decepción.

Es de esas petisas culonas que tienen lo suyo y saben cómo usarlo, logro captar mi atención y todo lo que pasaba por mi mente eran pensamientos salvajes y mil y un maneras de cogerla, nos acercamos y ella me tendió la mano con una cerveza en ella, me dijo ¡estás cansado, ten! Esa morena sí que te dio una buena batida, reímos y comenzamos a discutir acerca de cómo se debe mover una mujer de verdad. De repente comenzó a sonar su canción preferida, o eso fue lo que me dijo.

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Me arrastro a la pista de baile y comenzamos a danzar, sus caderas se movían como si no hubiese mañana y las apretaba contra las mías como si estuviese practicando pole dance, mientras cantaba “wild wild wild” al ritmo de la negra más sabrosa de toda california. Eso me hizo verla con otros ojos, sus tan coordinados movimientos despertaron el morbo que yacía adormecido en mi pelvis. Le dije sin pensarlo ¡me he dado cuenta que los tienes a todos vueltos locos y ya veo por qué! Ella solo sonrió y se pegó más a mi pene mientras me restregaba todo su coño.

Podía sentir la humedad de su sexo a través de su tan delgado vestido, el calor se apodero de nuestras mentes y nos fuimos a la habitación, ella volvió a colocar la canción que sonaba abajo en la sala y comenzamos a quitarnos la ropa. Que salvaje esa rubia culona, que ricas son esas petisas culonas, ¡no quiero que me veas como a una dama, trátame como perra! No bastaron más que esas solas palabras cuando ya en mi mente la tenía amarrada de culo al aire.

La tome por la cintura y tumbe su torso sobre la cama, la penetre de manera tan profunda que agradezco a la música que sonaba de fondo por servirnos de cortina para tapar esos sonidos que podrían haber escapado fuera de la habitación. Desnuda sobre su cama, tan sensual con esa larga cabellera que adornaba su sudada espalda mientras yo la penetraba al mejor estilo de las perras como ella me lo había pedido. Se movía de manera espectacular ¡juro que desde ese día veo a las blanquitas de manera diferente!

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Su vagina era tan estrecha y suave, sus gemidos eran dignos de los dioses, aparte es uno de los mejores petes que he tenido en mi vida, esa fresita se tragó todo mi semen sin pensarlo dos veces, pasamos el resto de la noche follando como dos salvajes. La fiesta acabó y mis colegas estaban buscándome por toda la casa, no salí nunca de la habitación ¿creyeron que dejaría a ese culo ahí solo para irme con un montón de borrachos? Fui estúpido una sola vez esa noche y no precisamente con esa catira.

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