Las maduras putas son unas descaradas

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De todas las experiencias que he tenido con maduras putas la mejor con la que podría hacer unos buenos relatos pornos es con María La Esotérica, María es una MILF es de esas mujeres que están buenísimas y lo saben y no obstante se apodera de su sexualidad como nadie, una piel tersa llena de lunares ¡no! No son lunares ¡son pecas! Un cuerpazo divino con unas tetas operadas que hacen querer cogerla porque sí.

MI EXPERIENCIA CON LA MAMI DE INÉS

Maduras Putas
Maduras

Lo malo de María es que es de esas maduras putas que como se deduce por el seudónimo que le doy, lleva dentro de su psique muy arraigado estas creencias espirituales de mantras y hierbas extrañas. Este es de esos relatos pornos que te transportan a otra dimensión, la primera vez que contemple su cuerpo desnudo fue el día que fui a su casa. En principio yo estaba saliendo con su hija Inés y se suponía que esa noche concretaríamos una sesión de un buen sexo que ya nos debíamos.

Llegue a su casa y lo primero que me encontré fue una foto de esta mujer tendida al pie de unas escaleras ¡las escaleras de su propia casa! totalmente desnuda, mostrándose una diosa que exudaba sexualidad y sensualidad, recuerdo haber pensado ¡esta es de esas maduras putas! Desde ese momento la puse en mi cabeza como quien clava un post-it en una pizarra de corcho. Tenía que cogerme a esa mujer y escribir relatos pornos al respecto. Esa noche folle con Inés pensando en lo divino que sería tener esa espalda pecosa a cuatro patas gimiendo mi nombre a voz alta.

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A la mañana siguiente desperté e Inés seguía dormida, María me sacó del cuarto y vestía solo una delgada pieza de tela que hacia honores a sus bellos senos operados, me dijo ¡Kevin vamos a hacerte una terapia de imanes bien interesante! Tomándome por el brazo, pude sentir la energía sexual que ella estaba impregnando en mi cuerpo. Me recosté sobre una camilla y empezó a hacerme masajes, ella decía que el cuerpo tenía que encontrarse en estado de relajación para poder iniciar la terapia, podía sentir sus senos frotar contra mi pecho. Su mirada lo decía todo ¡ella quería mi pene!

Puso su pecho frente a mi rostro ya relajado y tuve una erección involuntaria, no pude evitarlo, el nivel de excitación que tenía en ese momento era demasiado alto y no me importaba presumir mi miembro con ella que ya tenía rato presumiéndome sus tetas. Ella noto mi erección ¡lo sé! Era más que evidente entre ese bóxer que era lo único que lo cubría. Comenzó a ponerme imanes en la frente y me dijo ¡mantente quieto y por nada del mundo te agites!

Cerré los ojos resignado a que mi erección estaría allí expuesta a su juicio hasta quien sabe cuánto tiempo, ella comenzó a cantar unos mantras extraños, palabras que no entendía pero de alguna manera llegaban a tocarme dentro. Me dijo ¡voy a darte masajes para que te relajes mejor! Empezó por mis hombros y fue bajando, cuando llego a la base de mi pelvis me tensé un poco, estaba seguro de que algo pasaría pero no sabía cómo sería, ella me había dicho que no me moviera.

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Entre cantos y cantos terminó cantando con mi micrófono en su garganta, ¡QUE RICO COMO ESA PUTA SE TRAGO TODO MI SEMEN! Nunca antes había sentido tanta excitación en mi vida, la verdad es que todo ese lío espiritual vale la pena practicarlo. Habiendo finalizado la terapia, mi pene seguía erecto y yo me sentía repotenciado, con ganas de partirle la vida a esa señora, la cogí por su corto pelo rojizo y la puse de culo contra la mesa ¡una vagina más rica que la de su propia hija! Unos movimientos tan precisos, una mirada perversa que gritaba métemelo por el orto.

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